martes, 21 de abril de 2009

LOS JUEGOS COOPERATIVOS

¿QUÉ ES EL JUEGO?

La palabra juego proviene del latín iocus que significa divertirse; para los romanos significaba ligereza, frivolidad, pasatiempo, recreo, broma, alegría o diversión, y ludus, ludere, lusus que es el acto de jugar, recreo, competición; para los germanos spilan, significaba movimiento ligero y suave.

El juego tiene una gran relación con la Educación Física, pues a través de éste, los niños pueden manifestar sus movimientos y aprender una infinidad de cosas. Fomenta su creatividad, mejora los niveles de movimiento y desarrollo motriz e intelectual; además de que le permite conocer su cuerpo.

A continuación se mencionan algunas definiciones propias de las teorías del juego:

"El juego resulta un instrumento operativo ideal para que el maestro realice aprendizaje significativo en sus alumnos". (AUSUBEL-Teoría cognitiva).

"El juego es un gasto de energía que el mismo posee en exceso". (SPENSER- Teoría Biológica).

"Los juegos evolucionan durante el curso de la infancia más o menos del mismo modo en que han evolucionado las actividades similares durante el curso de evolución de la humanidad". (STANLEY HALL-Teoría educativa) (INCARBONE: 2001: 21).
Estas tres teorías, en conjunto, permiten desarrollar los aspectos: biológico, cognitivo y motriz en el individuo. Nos sirven para complementar la investigación y poder analizar de manera general que:
- El juego es una actividad espontánea, capaz de divertir y fomentar un aprendizaje significativo.
- Es parte fundamental en la vida de todo individuo porque con el conocemos y aprendemos a través de las diversas formas en que se manifiesta el juego.
- Por medio del juego se libera energía.
- La creatividad y espontaneidad, son aspectos que el niño adquiere a través del juego y no debemos limitar sus capacidades y habilidades; debemos contribuir a fortalecerlas.
- El juego es también formador de valores y fomenta la sincronización.

Por último podemos definir al juego como una actividad capaz de proporcionar un aprendizaje y desarrollo motriz óptimos, que fomenta la creatividad, así como la espontaneidad en el individuo.

El juego es un elemento importante que se utiliza para que el niño de 7 a 9 años experimente sus movimientos básicos, adquiera habilidades y obtenga un aprendizaje significativo.

CLASIFICACIÓN DE LOS JUEGOS

En relación a las definiciones que existen acerca del juego, surgen las diversas clasificaciones, dependiendo de características que cada autor considera pertinentes.

Las clasificaciones del juego son muy variadas; de acuerdo con Eugenia Trigo Aza, pueden ser en base a diversos autores o en diversos criterios para su aplicación. Los juegos pueden ser modificaciones y se utilizan para una infinidad de logros que se desean alcanzar.

Según diversos autores, los juegos se clasifican en:

MOYLES: Físicos (motor grueso, motor fino y psicomotor). Intelectuales (lingüístico, científico, simbólico, matemático). Social emocional (terapéutica, repetitivo, comprensivo).

De acuerdo a diversos criterios, Trigo Aza, los clasifican en:
SEGÚN EL TIPO DE HABILIDAD MOTORA COMPROMETIDA: Caminar, correr, saltar, recepción, transporte, equilibrios, empuje-tracción combinaciones.

SEGÚN EL EFECTO A LOGRAR: sensoriales, motor, desarrollo gestuales, lingüístico, matemáticas, expresión plástica, expresión musical, científicos, interdisciplinarios.

Otra clasificación de juegos para el nivel primaria es la siguiente:
1. Juegos de cooperación (juegos en equipo).
2. Juegos de destreza y adaptación (su función es adquirir destrezas y habilidades en situaciones de juego).
3. Juegos de iniciación o habilidades deportivas
4. Juegos tradicionales y autóctonos.
5. Juegos de simulación (identificación de personajes).
6. Juegos en el campo (situaciones y medios nuevos, perceptivamente variados. (RUIZ: 2001: 66)

Observamos anteriormente las clasificaciones del juego, las cuales se realizan en relación a diversos criterios que algunos autores toman en consideración como: el lugar en el que se llevará a cabo el juego, la edad de las personas, el tipo de habilidades motrices, el tipo de material, el mejoramiento de capacidades motrices.

De las clasificaciones anteriores, se toman con mayor énfasis la de Moyles y según el tipo de habilidad comprometida, debido a que su propuesta va en relación al tema de ésta investigación; nos menciona que los juegos intelectuales incluyen el aspecto matemático. Posteriormente, también se considera la clasificación que va relacionada con la habilidad de destreza y adaptación.

Es muy importante conocer las diferentes clasificaciones que se mencionan, ya que cada autor hace su propuesta con base en las investigaciones y observaciones realizadas; además de que abordan una serie de criterios que nos hacen comprender de una mejor manera que el juego es una serie de pasos que nos dirigen hacia algo motivante, variado y divertido.

LOS JUEGOS COOPERATIVOS

El juego genera un desarrollo integral de la persona, ya que existe una relación paralela entre lo que el niño puede realizar a nivel lúdico, motor, intelectual y afectivo. Las situaciones del juego se amplían y regulan de acuerdo con las posibilidades del niño, con el fin de aumentar el atractivo del juego.
El juego aparece como una actividad óptima y necesaria para comenzar a aprender. Permite vivir completamente el aprendizaje a medida que da lugar a la participación y a la creatividad. Dentro del ámbito escolar, el juego brinda la oportunidad de saber y de hacer de acuerdo a la madurez e intereses propios del niño.
Los juegos cooperativos pueden definirse como aquellos en que los jugadores dan y reciben ayuda para contribuir a alcanzar objetivos comunes (Garairgordobil, 2002). De este modo, las actividades cooperativas en general y los juegos cooperativos en particular pueden convertirse en un importante recurso al promover una educación física en valores; son varios los autores que resaltan las ventajas de incorporar actividades y juegos cooperativos tanto en los programas de educación formal como en los de ocio y tiempo libre.
En este sentido, el canadiense Terry Orlick (1990) primero, y otros autores después (Brown, 1992; Omeñaca y Ruiz, 1999) , consideran al juego cooperativo una actividad liberadora ya que:
Libera de la competición. El objetivo es que todas las personas participen para alcanzar una meta común.
Libera de la eliminación. Se busca la participación de todos, la inclusión en vez de la exclusión.
Libera para crear. Las reglas son flexibles y los propios participantes pueden cambiarlas para favorecer una mayor participación o diversión.
Libera la posibilidad de elegir. Los jugadores tienen en sus manos la decisión de participar, de cambiar las normas, de regular los conflictos, etcétera.
Libera de la agresión. Dado que el resultado se alcanza por la unión de esfuerzos, desaparecen los comportamientos agresivos hacia los demás.
El norteamericano Steve Grineski (1989) estudió la relación entre los comportamientos sociales de los niños y el tipo de juegos que practicaban en las escuelas, y llegó a la conclusión de que el juego cooperativo favorecía significativamente la aparición de conductas prosociales en comparación con los juegos competitivos y las actividades individuales. En un estudio posterior, Grineski (1996) concluyó que un programa de actividad física basado en propuestas cooperativas se mostró eficaz para favorecer la socialización de alumnos de entre ocho y 12 años de edad con trastornos emocionales severos.
Para Sigrid Loos (1989), pedagoga alemana afincada en Italia, el juego cooperativo puede estimular el sentido de pertenencia a un grupo, ya que las personas que juegan juntas se sienten bien juntas.
Rosa María Guitart (1990) destaca el papel de los juegos no competitivos ya que:
El niño participa por el mero placer de jugar y no por el hecho de lograr un premio.
Aseguran la diversión al desaparecer la amenaza de no alcanzar el objetivo marcado.
Favorecen la participación de todos.
Permiten establecer relaciones de igualdad con el resto de los participantes.
Buscan la superación personal y no el superar a los otros.
El niño percibe el juego como una actividad conjunta, no individualizada.
Favorecen sentimientos de protagonismo colectivo en los que todos y cada uno de los participantes tienen un papel destacado.
Los norteamericanos Matt Weinstein y Joel Goodman (1993) señalan, entre las ventajas demostradas de las prácticas cooperativas, que permiten a los participantes interactuar y practicar un diálogo de apoyo y apreciación mutua que sustituye al habitual diálogo de desprecio y comentarios negativos al que estamos acostumbrados. Posteriormente, esta habilidad de expresar sentimientos positivos se extiende a otros contextos de la vida y repercute en uno mismo y en quienes le rodean.
En España, Maite Garairgordobil (1995) desarrolló un estudio dirigido a determinar las ventajas de un programa de juegos cooperativos aplicado en la escuela. Lo llevó a cabo durante un curso escolar con 154 alumnos de 3º y 4º de educación primaria (ocho-10 años) divididos en cinco grupos: cuatro experimentales y uno de control. Los grupos experimentales recibían, una vez a la semana, una sesión de juegos cooperativos con una duración de entre 60 y 90 minutos, mientras que con el grupo de control no se desarrollaron estas sesiones. Entre las conclusiones de este estudio, Garairgordobil destaca la mejora de la cooperación grupal y de las conductas prosociales altruistas, el significativo descenso de las conductas agresivas, el incremento del autoconcepto global del alumnado, el relevante incremento de los mensajes positivos hacia los compañeros y la práctica desaparición de los negativos y una mejora de la creatividad, por lo que apuesta por la integración de este tipo de actividades cooperativas en los proyectos educativos de las escuelas, al tiempo que plantea la necesidad de ir integrando las metodologías cooperativas en la práctica diaria.
Para el uruguayo Enrique Pérez Oliveras (1998), los juegos cooperativos pueden estimular el desarrollo de:
Las capacidades necesarias para poder resolver problemas.
La empatía o sensibilidad necesaria para reconocer cómo está el otro, sus preocupaciones, sus expectativas, sus necesidades, sus posibilidades, su realidad, etcétera.
La sensibilidad necesaria para aprender a convivir con las diferencias de los demás.
Las capacidades necesarias para poder expresar sentimientos, emociones, conocimientos, experiencias, afectos, preocupaciones...
Los españoles Raúl Omeñaca y Jesús Vicente Ruiz (1999) subrayan que el juego cooperativo:
Permite explorar y facilita la búsqueda de soluciones creativas en un entorno libre de presiones.
Propicia las relaciones empáticas, cordiales y constructivas entre los participantes.
Destaca el proceso sobre el producto.
Integra al error dentro del proceso.
Posibilita el aprendizaje de valores morales y habilidades para la convivencia social.
Permite valorar positivamente el éxito ajeno.
Fomenta las conductas de ayuda y un alto grado de comunicación entre los participantes.
El brasileño Fábio Otuzi Brotto (1999), basándose en las ideas de Terry Orlick, destaca el papel educativo de los juegos cooperativos comparándolo con el de los juegos competitivos:

Juegos competitivos

Son divertidos sólo para algunos
La mayoría experimenta un sentimiento de derrota.
Algunos son excluidos por falta de habilidad.
Se aprende a ser desconfiado, egoísta o, en algunos casos, la persona se siente amedrentada por los otros.
Los jugadores no se solidarizan y son felices cuando algo “malo” le sucede a los otros.
Conllevan una división por categorías, creando barreras entre las personas y justificando las diferencias interpersonales como una forma de exclusión.
Los perdedores salen del juego y simplemente se convierten es observadores.
Los jugadores pierden la confianza en sí mismos cuando son rechazados o cuando pierden.
La poca tolerancia a la derrota desarrolla en algunos jugadores un sentimiento de abandono frente a las dificultades.

Juegos cooperativos

Son divertidos para todos.
Todos tienen un sentimiento de victoria.
Hay una mezcla de grupos que juegan juntos creando un alto nivel de aceptación mutua.
Se aprende a compartir y a confiar en los demás.
Los jugadores aprenden a tener un sentido de unidad y a compartir el éxito.
Hay una mezcla de personas en grupos heterogéneos que juegan juntos creando un elevado nivel de aceptación mutua.
Nadie abandona el juego obligado por las circunstancias del mismo. Todos juntos inician y dan por finalizada la actividad.
Desarrollan la autoconfianza porque todos son bien aceptados.
La habilidad de perseverar ante las dificultades se fortalece por el apoyo de otros miembros del grupo.

La también brasileña Eliana Rossetti Fausto (2001) desarrolló un programa de educación física basado en propuestas de actividad motriz cooperativa. El programa se aplicó durante cuatro meses a alumnos de tercer grado de educación primaria, a razón de dos horas de clase a la semana. Entre las mejoras observadas por esta profesora destacamos la de la interrelación afectiva entre la maestra y sus alumnos, la aparición de conductas de cooperación y ayuda en los grupos a partir del segundo mes de actividad y el incremento de la comunicación grupal para resolver juntos los problemas que se les plantearon durante las actividades de clase. Experiencias similares realizadas con alumnos de entre siete y 10 años de edad en distintas escuelas brasileñas condujeron a los mismos resultados (Pardo y Chagas, 2001).
Asimismo en Brasil, concretamente en la escuela pública de Cuibá, Sérgio Luiz Chaves dos Santos (2001) verificó mediante un cuestionario las preferencias de los alumnos, de quinto a octavo grados (11-14 años), por las actividades competitivas. Tras aplicar un programa basado en actividades cooperativas comprobó, mediante otro cuestionario, cómo las preferencias de su alumnado variaron significativamente en todos los niveles, dirigiéndose ahora hacia las actividades de tipo cooperativo. Aun cuando Chaves señala que hubo diferencias en el grado de asimilación de las actividades cooperativas, mucho mejor aceptadas al inicio en los grados quinto y sexto que en los de séptimo y octavo, destaca en todos los niveles el cambio de actitud de los alumnos hacia sus compañeros, la valoración por parte del grupo de las prácticas cooperativas y, al mismo tiempo, el cuestionamiento de algunos hechos presentes en las actividades competitivas, y la mejora del clima de aula (Chaves, 2001).
La profesora chilena Carolina Valencia (2002) realizó un estudio orientado a determinar si un programa de actividad motriz basado en juegos cooperativos favorecía la integración de los alumnos asmáticos en las clases de educación física y si, al mismo tiempo, mejoraba su capacidad respiratoria. El estudio se aplicó a 35 niños, de edades comprendidas entre los seis y los nueve años, en Arica, ciudad situada en el norte de Chile. Los niños fueron divididos aleatoriamente en dos grupos, el experimental, al que le fue aplicado el programa de juegos cooperativos durante dos meses, a razón de dos veces por semana, y el de control, que siguió con el programa habitual. Entre las conclusiones de esta investigadora destaca que el juego cooperativo facilita la mejora de la integración escolar del alumnado asmático. Por el contrario, no observó diferencias significativas entre el grupo experimental y el de control respecto a la mejora de la capacidad respiratoria de estos niños, probablemente, apunta Valencia, porque sea necesario prolongar el programa durante, al menos, cuatro meses con un mínimo de tres sesiones semanales.
Después de este rápido recorrido por las opiniones e investigaciones de diversos autores, referentes básicos al estudiar las actividades físicas cooperativas, en general, y el juego cooperativo, en particular, podemos concluir que en este tipo de actividades la gente juega con, y no contra, los demás, para superar uno o varios desafíos colectivos que en ningún caso suponen superar a otras personas. Esta característica que las define, favorece en los participantes el desarrollo de habilidades sociales y de actitudes de empatía, cooperación, solidaridad y diálogo.

TEORÍA DEL JUEGO DE PIAGET

Piaget inserta estudios sobre el juego en la globalidad de su teoría sobre el desarrollo infantil. Las diversas manifestaciones de la actividad lúdica son reflejo de las estructuras intelectuales propias de cada momento del desarrollo individual. Estas estructuras se desarrollan dentro de un proceso de construcción en el que cada niño es parte activa. Dicho proceso actúa en dos fases:

· Asimilación, que incorpora las nuevas experiencias al marco constituido por los esquemas ya existentes y que provoca un disonancia cognitiva entre lo ya conocido y el nuevo objeto de conocimiento.

· Acomodación, que modifica los marcos de referencia actuales a partir de las nuevas experiencias.

Mientras que la asimilación proporciona estabilidad, la acomodación propia el cambio. Asimilación y acomodación actúan promoviendo el equilibrio en el conocimiento inteligente de la realidad. El juego aparece en los momentos en los que predomina la asimilación.

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